Zona de confort by Jorge Aldegunde

MasticadoresArchipiélago

Se trataba de aprovechar el tiempo, de hacer que cada segundo contase. Mi vida se había transfigurado desde aquel curso de orientación y liderazgo: ya no era el mismo –y el cambio lo había trasladado a todos los ámbitos de mi persona–.

Tomaba decisiones valientes en el trabajo; me exponía. Viajes, reuniones, proyectos ambiciosos. No importaban los errores –el caso era aprender de ellos y no cometer el mismo dos veces–.

Y qué decir de mi tiempo libre: ya no era el tipo asustadizo y timorato de antes. Surfeaba olas de diez metros, el puenting no ofrecía misterios, era un gran experto en parapente y dominaba el paracaidismo. Me había convertido en un yonqui de la adrenalina.

Hay que ver lo que dan de sí quince segundos: tiempo más que suficiente para rememorar mi vida mientras me convencía de que la anilla de apertura estaba atorada. Me acercaba al suelo…

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La forma de las nubes by Jorge Aldegunde

MasticadoresArchipiélago

Estaban solos; siempre lo habían estado. Y, por más que su ofuscada realidad les hubiera concedido una tregua en forma de lugar paradisíaco, ella no podría bajar la guardia. El niño daba forma a una enorme ciudadela; se afanaba en vaciar cubos que acarreaba, disciplinado, desde la orilla. Luego esparcía la arena, la concentraba en los lugares que intuía más débiles, y vuelta a empezar.

Mientras lo observaba, le pareció dotado de una inmensa paciencia y tesón. También, barruntó mientras una sombra nublaba su recuerdo, tenía muchas agallas. A pesar de no ser más que un crío de ocho años, había visto y oído demasiado. Los dos se merecían ese descanso.

–Hay que construir un foso alrededor. Y justo detrás, levantar murallas tan altas como yo –había explicado a su madre.

La demostración práctica no se hizo esperar: alternaba un desgastado rastrillo, al que le faltaban púas, con una enorme…

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La araña Tula y los elefantes escribidores

Masticadores

by Jorge Aldegunde

Microfábula

Érase que se era, en el reino de los animales, una araña muy trabajadora que se llamaba Tula. Gustaba de tejer telarañas enormes y tupidas, que unían ramas y árboles. Así, mientras Tula se afanaba en construir la malla más grande y resistente que hubiera existido jamás, todos los habitantes de la jungla la contemplaban patidifusos. Miraban asombrados los macacos; boquiabiertas se deslizaban las sibilantes sierpes que, de pura envidia, sacaban sus bífidas lenguas. Las jirafas, por su parte, estiraban sus largos cuellos para examinar de cerca el trabajo de Tula. Ella, en silencio, asentía orgullosa mientras continuaba con su tarea.

Un buen día, el león Melenas le preguntó a Tula:

–¿Podrías construir una red que uniera los dos lados de este barranco? Sería muy útil para que cruzáramos sin tener que vadear el río.

Tula asintió y se puso manos a la obra: tejió día…

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