El patio

Pensó que era estupendo contemplar las flores del patio, aunque lloviera. Detenía su mirada en la hiedra, los coloridos geranios y en la buganvilla que crecía en la pared opuesta a la puerta. La última adquisición había sido una variante de Dionaea Muscipula – una Venus atrapamoscas gigante – de casi metro y medio; una rareza exótica que confería un punto selvático a aquel rincón de la casa. La dieta de aquella planta carnívora no sólo incluía insectos, sino también pequeños animales.

Miró relajado, mientras descansaba en su cómodo sillón. Bebió de su café y derramó, distraído, algunas gotas sobre el mantel. No se dio cuenta de que se quedaba dormido hasta que una ligera brisa lo desperezó. Volvió a repasar con su mirada cada rincón.

Sólo consiguió espabilar del todo cuando reparó en aquel hueco: la Venus ya no estaba allí. El tallo del que brotaban las hojas se había doblado en un ángulo inverosímil y éstas se mostraban, exageradamente abiertas, a pocos centímetros de su brazo derecho.

FIN

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1 comentario en “El patio”

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