Jungla by Jorge Aldegunde

Masticadores

Otra vez llegaría tarde al trabajo. Odiaba que se le pegasen las sábanas y que su día fuese, desde primera hora, una batalla perdida contra el reloj. Se puso su gabardina y fue arrojando en el bolso utensilios cotidianos que más tarde lamentaría no haber llevado, entre ellos el teléfono móvil –en el que acumulaba seis correos electrónicos y media docena de mensajes–, el pesado manojo de llaves y la cartera.

En el rellano le llamó la atención que el único ascensor no estuviera, en plena hora punta, ocupado por algún vecino. Sonrió para sus adentros apuntando que, tal vez, su suerte comenzase a cambiar y apretó con premura el botón de llamada varias veces, dispuesta a sacarlo de su sopor.

Una vez dentro, se afanó en buscar la pequeña llave que accionaba la cerradura que desbloqueaba el acceso al garaje. Como de costumbre, ésta se resistía –parapetada tras otras…

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