Días que resplandecen

No he cambiado los hábitos a la hora de dormir: sigo con sueño ligero, interrumpido no pocas veces por hilos mentales que se abren o que, a lo peor, no terminé de cerrar. A las 6.30h suena el cuerno. Aprovecho para escribir y leer: reviso relatos, hago planes para recuperar proyectos literarios algo más ambiciosos, edito y me pongo al día con la prensa.  

Más allá de la comezón de vivir una realidad distópica, cambios de paradigma y un sinnúmero de sintagmas nominales sacados del manual de la nueva política, lo cierto es que el COVID-19 solo me está produciendo cierta melancolía tardoinvernal, y una leve jaqueca que ya venía de serie. Y es para dar gracias: nada que ver con los que se parten el alma contra el bicho en primera línea, salvando vidas y arriesgando la suya.

A las 7.30h comienza el teletrabajo; me entrego a una férrea disciplina salpimentada de informes, ofertas, emails y reuniones telemáticas con clientes a los que la distancia ha hecho más cercanos. Las cámaras de los portátiles nos desvelan parcelas de cotidianeidad: rostros algo más relajados y afeitados menos apurados, amén de cero corbatas.

Capítulo aparte merecen los niños: es admirable cómo han asumido el confinamiento como animal de compañía y mantienen –con sus altibajos– un ánimo y fortaleza encomiables. Por el camino, hemos reinventado los ejercicios caseros, improvisando partidos de fútbol en los pasillos, batido récords mundiales a la pata coja y resucitado la rayuela.

El día –fiel a sus veinticuatro horas– nos sorprende a las 19.58h. Entonces, bajamos los periscopios y abrimos la escotilla para escuchar un rumor. El de aquellos que, tercamente, se afanan en batir palmas y soñar con días que resplandecen.

FIN

Nota del autor: redacté este texto hace una semana. Lo adapté al inglés para publicarlo en Gobblers. Antes de que pierda vigencia –sic transit–, la comparto en español en mi blog. Lo escribí pensando en los más pequeños. Va por ellos.

9 comentarios en “Días que resplandecen

  1. Me siento completamente identificada con tu texto: el insomnio, las jaquecas, la preocupación… pero también, como si de un milagro se tratara, la felicidad intacta de mi hijo. Los niños siguen felices, es algo asombroso. El mío se aburre a veces, pero se está portando de manera ejemplar. Un abrazo y mucho ánimo con lo que todavía queda.
    P.D. Como verás, soy algo perezosa para leer en inglés y no siempre leo lo que publicas en esa lengua…

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    • ¡Pues sí! Los míos están bien; solo se preocupan si nos ven a nosotros (los padres) un poco «tocados». Lo del aburrimiento también nos pasa, pero es lo mínimo que esperaba…Otro abrazo muy fuerte para ti y ¡enhorabuena de nuevo por el concurso de Zenda! ¡Genial! Gracias por pasarte, leer y comentar. ¡Ánimo y paciencia!

      Le gusta a 2 personas

  2. Pingback: Faltan muchos | Blog de Aldegunde

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