Malas noticias (II)

Imagen tomada de Pinterest

Capítulo 2. El encuentro

Está ya cerca de su casa e, inevitablemente, se relaja. Sus pasos pierden tensión y su corazón adquiere un ritmo de latidos próximo al reposo. Sin embargo, no dura mucho. Apenas nota un movimiento, como una escaramuza de gatos, tras una conspicua furgoneta de reparto azul cobalto. De allí salen, como si lo estuvieran esperando, los dos tipos. Ahora, tan cerca, puede verles la cara, angulosa y demacrada; la expresión un punto tensa, de cazador. Maldita sea mi estampa, piensa Óscar.

–¿Dónde ibas, figura? –dice el más robusto que, aun encorvado, casi le saca una cabeza.

–No es asunto vuestro.

–Eso lo decidimos nosotros. Lo que asunto nuestro. Y lo que no –esto lo apostilla el más menudo, mientras apura un cigarro.

–¿Pensabas darnos esquinazo, figura? Este barrio es nuestro. Y el otro. Y el de más allá.

–¿En serio? –añade Óscar, mientras intenta pensar rápido y ganar tiempo– Mucho barrio me parece para tan poca cosa.

Se dirigen los dos una mirada lobuna. Y deciden romper la distancia de seguridad, acercándose a Óscar. Ni siquiera los separa un metro.

–Escucha –dice el flaco arqueando una ceja, al tiempo que se deshace de colilla–: hoy estamos de buenas. No nos importa que nos hayas hecho caminar de más. A cambio, nos vas a dar la cartera. Sabemos que trabajas en la fábrica, así que debes de manejar. Igual hoy es día de paga, y nos llevamos un alegrón.

Sonríe Óscar, un punto altivo.

–Hoy día no hace falta ir con el fajo de billetes en la cartera. La mierda de nómina nos la ingresan, así que está en el banco. Podéis ir a atracarlo, si queréis. Lo mismo os ponen una estatua y todo. Yo no llevo nada encima.

Se agita el más grande, que quiere poner punto final a la cháchara. Lo contiene el otro, sujetándolo a duras penas por la pechera. Y añade:

–Se nos acaba la paciencia, amigo. A mi colega, que es muy nervioso, casi no le queda. Tienes suerte de que yo sea más tranquilo. Saca la cartera, despacio. Y nos la das. Luego, te largas. Y no toques más lo cojones.

–No soy tu amigo. Y ya os he dicho que la cartera no tiene nada. Y si lo tuviera lo tiraba al río antes de dároslo para que os pongáis hasta el culo. Los vicios los pagáis vosotros. Y ahora, os largáis por donde habéis venido.

–¡No terminas de entender, pila de mierda! –añade el gordo que, además, luce greñas grasientas. Levanta el brazo izquierdo –cuyo recorrido sigue Óscar, atento– y mantiene la mano abierta, como si pensara en atizarle. El otro, que tiene el pelo muy corto y escleróticas a juego con las ajadas luminarias de la calle, tercia:

–Creo que este se va a llevar la palma. Vamos a dejarle que nos lleve a su casa; seguro que está cerca. Lo mismo lo espera la parienta con la cama cliente y, mira por donde, nos llevamos todos una alegría. ¿Cómo lo ves, figura?

Arranca una moto, con estruendo, en una calle cercana. Los dos individuos reaccionan como un resorte.

–Joder, qué susto –dice el tosco –. Me cago hasta en mi vida.

Se aleja el motorista. Los tipos relajan el semblante. En ésas se arranca Óscar, que aguardaba su momento. Toma una carrerilla imperceptible, desplaza hacia atrás el hombro derecho y prepara el brazo. Sin pensarlo, suelta un gancho en el estómago del gordo. Casi en el mismo movimiento, repite con la derecha, con una sorpresa añadida: entre las falanges asoma la llave de su vivienda, de la vieja escuela: grande y pesada. El segundo golpe impacta sobre el tabique nasal del tipo, que se parte sin remedio. Crac. Mientras se duele, se desplaza ligeramente y se cruza en el camino del otro –que prepara una respuesta–, desbaratándolo.

Aprovechando la coyuntura, Óscar embiste al de la nariz rota, llevándose también al otro por delante. El empujón los lanza contra la furgoneta, cuya chapa acusa el golpe. Suena entonces la alarma del vehículo. Los atacantes, sorprendidos y confundidos, quedan momentáneamente sin respuesta.

De una tienda cercana –una pastelería– emerge una figura. Se trata de un tipo grueso y sudoroso, que seca su perlada frente con el borde de un delantal. Su expresión es mezcla de susto y preocupación:

–¿Qué coj…?

Óscar, sin tiempo ni ganas para parlamentos, no duda un instante y echa a correr como si no hubiera mañana.

Los primeros cien metros son pura adrenalina, regusto metálico y amargo en la boca. Casi se marea de su propio ritmo. Sus zancadas, que casi ni siente como propias, lo catapultan por la mediatriz de la estrecha calle. A lo lados se suceden sombras –edificios y vehículos– que no alcanza a distinguir. Al cabo, relaja el ritmo casi hasta detenerse, con el corazón en la boca.

Nota que le tiembla el pulso; los nudillos de la mano derecha están manchados de sangre. Todavía aprieta la llave de su casa. Siempre había renegado del artilugio; hoy, sin embargo, se alegra de no haber cambiado la vieja cerradura. Continúa tenso, su espalda contas las fachadas, mirando en todas direcciones. Camina en círculos, gana tiempo y espera. Luego vuelve a la escena de la refriega, en la que –comprueba– ya no hay ni un alma. Le escama que el repostero no haya llamado a la policía. Claro que, pensándolo fríamente, tampoco es tan extraño: a todo el mundo le tiembla el pulso cuando hay algo que perder, y las tiendas de barrio están demasiado expuestas a la gentuza. Todavía no hay nada abierto, así que no hay otro refugio que la propia calle, de la que desconfía. Al final, resuelve dar un rodeo, vigilando cada esquina, y volver a casa. María pronto se despertaría y se extrañaría de que no hubiera llegado.

CONTINUARÁ…

Hay martillazos de fuego
Contra el cristal del silencio
Los pasos perdidos se paran
En una noche estrellada
Quieto se quedó en el suelo
Solo, rodeado de miedo

(Los Suaves – Malas noticias)

Enlace al capítulo 1: Razas de noche

5 comentarios en “Malas noticias (II)

  1. Pingback: Malas noticias (III, y final) | Blog de Aldegunde

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s