EL GENTLEMAN Y LA FRUTERA (I) por Jorge Aldegunde

MasticadoresRomantica&Eros Editora: Paula Castillo Monreal

Fotografía Ovidio Aldegunde

Nuestro hombre es todo ungentleman. Es, también, un tipo lleno de bienintencionados propósitos para sortear la murria y desgana que acechan, implacables, en la rutina de un día a día cada vez más atribulado y pandémico. Por eso presta atención a las pequeñas cosas; verbigracia: se recrea al enfundar sus pies en unos llamativos calcetinesArrowsde color amarillo; tira de fondo de armario para estrenar un poloCalvin Kleincolor burdeos, embutirse en unos chinosMeyercolor tabaco –nunca es tarde para celebrar el haber dejado de fumar–, y ceñirse a la cintura unBullianta juego, con el toque justo de prenda usada que todavía no acusa el paso del tiempo. Completa el cuadro haciendo con soltura un doble nudo a susPier One, que han devenido en excelentes compañeros para ilustrar su ponderado a la par que resuelto caminar. La liturgia…

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LA BESTIA por Jorge Aldegunde

MasticadoresRomantica&Eros Editora: Paula Castillo Monreal

Imagen de Pinterest

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Me hace entrar en mi nuevo hogar, confiada y serena. Como solo lo sabe hacer una madre. Mi cuerpo de niña remeda el mejor disfraz, así que extiendo mi diminuta mano mientras recorremos las estancias. Al fondo del pasillo, a la izquierda, está mi habitación. Acciona el interruptor, y una miríada de bombillas proyectan formas infantiles en las paredes. De una de ellas cuelga un crucifijo. De repente, una rabia atávica e incontrolable me invade. La náusea me obliga a cerrar los ojos. Las luces parpadean. Cuando consigo dominarme, ella me dedica una mirada dulce.

Tiempo tendrá de saber que somos muchos aquí dentro.

FIN

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Agosto —16: Una pulsera de otro mundo by Jorge Aldegunde

Barcelona / j re crivello// Escritor y Editor / Fundador de Masticadores

Estaba encantada con la adquisición. No se le ocurría mejor regalo para un cuarentón que, en plena crisis, había decidido retomar viejos hábitos saludables y ponerse a correr.

Además, era lo último del mercado: lo más de lo más en las llamadas pulseras de actividad. Medía todo tipo de parámetros corporales: pulso, pasos y distancia recorridos, calorías consumidas, sueño acumulado y un inabarcable etcétera. Ya puestos, también daba la hora.

Como no podía ser de otra manera, venía de serie con una utilísima aplicación, de las que se instalan en el teléfono móvil, recogen ingentes cantidades de datos proporcionados por la pulsera, y los procesan para presentar estadísticas, gráficas y un sinfín de recomendaciones para mantenerse sano.

A ella se le había ocurrido activar aquella función para enviarse mensajes y, de paso, poder echar un inocente vistazo al resumen de la actividad diaria de su compañero.

En ésas estaba…

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