La guardia

Me quedé dormido hilvanando constelaciones, trasunto sideral de las manidas ovejitas. Había ingerido litros de café, pero aquellas guardias resultaban tan tediosas: nunca ocurría nada.

En mi sueño, un tipo me da esquinazo atravesando descoloridas puertas, que se cierran a su paso. Tras abrir la última, un sonido estridente me desconcierta.

Abro los ojos; la pantalla escupe millones de datos y muestra una onerosa luz roja parpadeante. Tiembla el suelo. Por la ventana, a lo lejos, la montaña escupe fuego entre una densa humareda.

Tranquilo – suena una voz metálica desde el puesto de mando-. Solo es el fin del mundo.

FIN

Para Dani Domínguez, buen tipo 24×7.

Borrador1

Borrador. Versiones “beta”

Anuncios

La distracción

Ordenó sin pestañear los soldados de plomo: abría la formación el general con sus medallas; la cerraba el soldado raso y su ajado casco.

Agarró su rifle y ajustó la mira. Apostó el cañón en la abertura estrecha y esperó, paciente, a que se pusieran a tiro. Besó tres veces su rosario y se concentró. Siguió un único disparo, certero y mortal.

A lo lejos, percibió gritos y el ruido sordo de un tanque aproximándose. Justo después, retumbó una detonación, la tierra se estremeció al impactar el obús; sus milicianos se desperdigaron por el suelo. Sonrió con amargura: él también caería.

FIN

La fiesta

Mientras contemplaba cómo llevaban al cadalso al último candidato, el patrón se dirigía al público que abarrotaba la plaza.

-¡Orden, orden!- exclamó al tiempo que removía teatralmente el contenido de la caja de madera.

El pueblo estaba engalanado en previsión del día grande, en el que se cumplirían cien años desde la gran hambruna.

-¡Aldegunde!- gritó con triunfal estridencia, sosteniendo en alto un trozo de papel.

Miles de rostros se miraban, como buscándose y rehuyéndose al mismo tiempo. Intenté hacer mutis, pero una mocosa me señaló y dio la voz de alarma.

Eché a correr por una calleja, en vano. Allí me esperaba, ufano, el alcalde.

FIN