LA BESTIA por Jorge Aldegunde

MasticadoresRomantica&Eros Editora: Paula Castillo Monreal

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Me hace entrar en mi nuevo hogar, confiada y serena. Como solo lo sabe hacer una madre. Mi cuerpo de niña remeda el mejor disfraz, así que extiendo mi diminuta mano mientras recorremos las estancias. Al fondo del pasillo, a la izquierda, está mi habitación. Acciona el interruptor, y una miríada de bombillas proyectan formas infantiles en las paredes. De una de ellas cuelga un crucifijo. De repente, una rabia atávica e incontrolable me invade. La náusea me obliga a cerrar los ojos. Las luces parpadean. Cuando consigo dominarme, ella me dedica una mirada dulce.

Tiempo tendrá de saber que somos muchos aquí dentro.

FIN

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CASO CLINICO por Jorge Aldegunde

MasticadoresRomantica&Eros Editora: Paula Castillo Monreal

Le agradezco con otra sonrisa su mentira piadosa, mientras me acomodo en la camilla. Se acerca y me examina las pupilas con una luz intensa. Luego me pregunta sobre la primera vez que me ocurrió. Cierro los ojos y hago memoria. El doctor se acerca y posa una mano sobre mi hombro.

Entonces noto ese aliento fétido y malsano. Sus dedos han devenido afiladas garras que, al poco, comienzan a apretar. Así que agarro un bolígrafo de la mesa y lo clavo mil veces sobre su monstruoso apéndice.

Poco después vuelve a ser un simple médico, confundido y ensangrentado. Pero yo sé que seguirá acechando, oculto bajo cualquier rostro.

FIN

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EL HUÉSPED por Jorge Aldegunde

MasticadoresRomantica&Eros Editora: Paula Castillo Monreal

Antes de ver lo que Arturito, el repetidor, llevaba en su caja de compases, Guille ocultó su mochila. No había cerrado la cremallera del todo, para que respirase.

Luego de ver que tan solo albergaba lombrices de tierra medio muertas, se envalentonó.

–Os voy a enseñar mi mascota –dijo–. Es rarísima; cambia de color cada instante.

Pero la bolsa estaba vacía. Los demás se burlaron, crueles. Sonó la campana y se sentaron.

Al fijarse, descubrió un rastro húmedo que moría en el pupitre de Sandra, la niña de ojos verdes. Se le cayó el lápiz cuando, al girarse ella, descubrió una sonrisa torva y una mirada que tornaba negra como la noche.

FIN

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